
Los traumas infantiles más frecuentes en la sociedad de la cual formamos parte están más presentes de lo que tendríamos la posibilidad de imaginarnos. Al final de cuenta, el pasado nos define. Las vivencias que vivimos, las cosas que observamos y las que nos hacen inconveniente son las que terminan forjando nuestra personalidad y los miedos de en este momento.
Cuando somos chicos, somos muchísimo más atacables. Las cosas nos afectan con mucha más fuerza y en la mayor parte de las situaciones no poseemos la aptitud de llegar a entender qué es lo que está pasando. Y si, en ese caso, no hay nadie que le dé sentido a eso que está ocurriendo, esto marcará más adelante nuestra forma de reaccionar en ocasiones semejantes.
Los traumas infantiles más comunes
No sabemos, pero nuestra forma de accionar en el presente es producto de las vivencias que habitamos el pasado. La búsqueda de aprecio, la desconfianza en los otros, la inseguridad o el ser bastante dependientes de alguien, todo acostumbra tener su origen en la niñez.
Miedo al abandono
El miedo al abandono se encuentra dentro de los traumas infantiles frecuentes. Es característico de personas desconfiadas que establecen relaciones fundamentalmente superficiales. Estas relaciones son cortas y no llegan a satisfacerles del todo.
Más que nada recalca el miedo al deber, a tener relaciones bastante serias o llevar a cabo proyectos de futuro a la larga. Son personas que le darían prioridad al trabajo o a los amigos antes que a la pareja.
El miedo al abandono como trauma infantil aparece cuando a lo largo de la niñez hemos sufrido la sepa de alguna de las figuras parentales o de autoridad. Ese miedo a que nos vuelva a pasar nos ocupa y por esto, creamos una coraza que nos proteja de futuros abandonos.
Miedo al rechazo
Sin importar estar entre los traumas infantiles frecuentes, no somos realmente conscientes de todas personas que sufren de miedo al rechazo actualmente en la sociedad de la cual formamos parte.
Está que se encuentra en individuos inseguros y con inconvenientes de autovaloración. Esos que no se sienten suficientes para sí mismos y buscan todo el tiempo la aceptación de parte de los otros. Son dependientes, por lo cual tienen la posibilidad de terminar de forma sencilla con relaciones tóxicas de las que les sea muy complicado salir.
Este trauma infantil se proporciona cuando no se ha recibido el aprecio bastante de parte de las figuras parentales en instantes fundamentales como a los 3 o 4 años. A estas edades ya sabemos de nosotros y de nuestro ámbito, por lo cual la carencia de cariño puede perjudicar a nuestra autovaloración.
Falta de autoestima
Aunque ya hayamos citado antes la carencia de autovaloración dentro del miedo al rechazo, esta además se encuentra dentro de los traumas frecuentes. No en todos los casos es provocado por el temor a no ser recibido o por la carencia de cariño.
Estas personas con falta de autovaloración sienten que jamás es bastante, que hay algo que requieren todo el tiempo para ser contentos. Tienen la posibilidad de ser personas aparentemente muy seguras de sí mismas pero que de todos modos no se aprecian verdaderamente bien. Paralelamente además son aquellas que tienen inconvenientes para quererse a sí mismas o sentirse a gusto bajo su propia piel.
A parte de manifestarse por carecer de cariño, además aparece en personas que fueron víctimas de abusos sexuales o acoso escolar. No sienten indignas de las cosas buenas que les logren ocurrir y paralelamente, merecedoras de las malas.
Sentirse siempre como la víctima
Al haber vivido por algunas vivencias, como el abuso sexual, acoso escolar o inconvenientes en el lugar de vida familiar, uno de los traumas frecuentes es sentirse la víctima dentro de todo lo que nos ocurra.
Esto pasa cuando suponemos que todas las cosas que pasan nos afectan negativamente. Es habitual de personas pesimistas, aquellas que sienten que tienen que estar todo el tiempo alerta suponiendo que algo imprevisto logre aparecer.
Esta clase de accionar es entre otras cosas, el sentir que un compañero de trabajo nos está atacando intencionadamente cuando de todos modos solo nos está expresando su opinión. Además lo es, entre otras cosas, el sentirse atrapado en ocasiones complejas y no ser con la capacidad de resolverlas.
Otros tipos de traumas infantiles más comunes
A pesar de que los traumas infantiles son algo de lo que se habla con continuidad, detallar una secuencia de ejemplos concretos es más difícil. Si investigamos sobre ello, vamos a encontrar información muy diversa y que llega de diferentes sitios. Un análisis de la American Academy of Pediatrics divulgó en 2015 un artículo donde definían los traumas infantiles más comunes:
- Abuso emocional
- Abuso físico
- Abuso sexual
- Negligencia emocional
- Negligencia física
- Maltrato violento a la madre
- Abuso de sustancias en el hogar
- Enfermedades mentales en el hogar
- Separación o divorcio de los padres
- Encarcelamiento de un integrante del hogar
¿De qué forma nos afectan?
Tanto los traumas infantiles frecuentes como los menos populares nos afectan física y psicológicamente. Aunque exteriormente no notemos su presencia, se expresan en nuestro accionar y hasta en las anomalías de la salud que desarrollamos de mayores.
Antes que nada, nos volvemos personas repletas de miedos ocultos. Estos saldrán con apariencia de inseguridades, se interpondrán en las relaciones que mantengamos con los otros. Nos valdrá muchísimo más detallar lazos fuertes con otra gente y sentirnos incluidos dentro de todo el mundo que nos circunda.
Además, está comprobado que el encontronazo que tienen estos traumas infantiles sobre el cerebro además afectan al aspecto fisiológico debido a que a este no le aceptan realizarse completamente. De esta forma, se crean cambios en la composición genética del sujeto provocando, entre otras cosas, inconvenientes para administrar el estrés o volviéndolos increíblemente agresivos.
